domingo, 8 de diciembre de 2013

EL JUEGO COMO CONTENIDO DE LA EDUCACIÓN FÍSICA

    
EL JUEGO COMO CONTENIDO DE LA EDUCACIÓN FÍSICA
            Al pensar en el juego como un contenido de la Educación Física, debemos de darle unas determinadas características que nos permitan hacer de él un elemento educativo capaz de contribuir, como el resto de los contenidos, a conseguir los fines y objetivos que la educación se plantea. A continuación veremos algunas de estas características:
·        Los juegos propuestos deben potenciar la creatividad. Una persona creativa se encuentra más preparada para afrontar la vida actual, que una persona con muchos conocimientos. Esta característica en los juegos, es valorada por la mayoría de los autores (Huizinga, Schmidt, Seybold... ).
·        Debe permitir en primera instancia el desarrollo global del alumno, posteriormente se pueden potenciar aspectos más específico. Sobre este punto coinciden los autores estudiados en la globalidad de los juegos en los primeros años de la vida de los niños y niñas (Piaget, Huizinga, etc. )
·        Debe constituir preferentemente una vía de aprendizaje cooperativo, evitando situaciones de marginación que trae en muchas ocasiones consigo una excesiva competitividad. Corresponde al carácter de sociabilidad destacado por los diferentes autores, (Chateau, Huizinga, Seybold, etc. ). La práctica surte mayores efectos formativos sino práctica cada uno por sí solo, sino juntos con el fin de alcanzar una meta común.
·        Deben de mantenerse la actividad de todos los alumnos, procurando huir de los juegos eliminatorios, buscando otras opciones, cambios de papales, puntuaciones, etc. (Schmidt, Chateau, etc)
·        Mediante el juego se pueden conseguir vivencias en la vida cotidiana que aseguren la experiencia, (Huizinga, Seybold, )
·        La aceptación personal pretende sobre todo la aceptación plena del otro, la tolerancia, la sinceridad y seguridad, son los puntos de partida en que el individuo debe apoyarse, (Claparéde, Groos, etc.).
·        El juego debe ser una actividad gratificante, sobre todo al introducir la característica tan importante de la participación de manera lúdica y placentera. Esta consideración es destacada en los juegos por la totalidad de los autores que los han estudiado los mismos, (Huizinga, Schmidt, Claparéde, Piaget, etc.).
Es imprescindible la participación del profesor en las diferentes sesiones de juegos, tratando en todo momento conseguir una mayor motivación e integración de todos los alumnos y alumnas en la clase en los mismos, observando los problemas que puedan surgir: separación de niños y niñas, zonas de peligro, situaciones de violencia, agrupaciones inadecuadas, etc.
            De la misma manera el profesor velara por la utilización correcta del material empleado en los juegos, utilización creativa del mismo y evitara en todo momento las situaciones de peligro que se puedan ocasionar. Si los materiales pueden ser de fabricación propia y novedosos, mejor.
            Los juegos, se dice, que no tienen edad, y aunque esto es verdad debemos de tener en cuenta las actividades y pruebas que se piden en los mismos. Un determinado juego lo podemos cambiar de edad cambiando las distancias a recorrer, los balones empleados, las distancias para hacer diana etc. Estas características son las que verdaderamente definen la edad del juego, que estén adaptadas a las capacidades de los niños y niñas que los van a jugar. La aplicación de un juego depende del profesor que lo planteé, del grupo y de la relación entre ambos.
            Uno de los grandes problemas del juego es la correcta utilización de la competitividad, (Kird, Arnold, Seybold, Parlebas, Orlick, etc). Gran número de juegos que se practican en las escuelas están inscritos en aquellos cuyo predominio es la competición “Agón”. Para Caillois los juegos de competición se centran en un enfrentamiento entre oponentes con las mismas oportunidades, de tal manera que el triunfo será algo personal. Es preciso educar en la competición para evitar caer en casos como: no querer participar por miedo al fracaso, a la burla, perder la autoestima ante sucesivos fracasos, etc.,
            Al considerar el juego como recurso didáctico, Delgado Noguera, (1991), lo entendemos “como conjunto o elemento disponible para resolver una necesidad”, el juego alcanza su máxima importancia dentro del contexto educativo. En primer lugar hay que señalar la capacidad de utilizarlos como elemento motivador de los alumnos y de las alumnas hacia la participación en las actividades en clase dado su contenido lúdico que lo hacen especialmente atractivo. En cuanto a sus características son especialmente versátiles para poder adaptarse a los diversos objetivos educativos y a las características de los alumnos y alumnas, ya que la posibilidad de modificar las normas para acercar la participación a la consecución de los objetivos para hacerlos más participativos, o a practicar con la parte corporal deseada acorde con el objetivo, permiten al profesor una capacidad de maniobra suficiente para que con modificaciones sucesivas de las normas, pueda completarse un aprendizaje sin haber dejado de proponer actividades lúdicas. En este sentido, el juego como recurso didáctico se puede utilizar de dos maneras básicamente:
·        Como instrumento o medio de conocimiento del niño.
·        Como instrumento de desarrollo, perfeccionamiento o corrección de las cualidades psicofísicas del niño/a.
PERO...
            Los sociólogos, nos alertaron sobre algunos problemas que la práctica del deporte y de su progenitor el juego puede acarrear. Herbert  Spencer y Thorstein Veblen (1979) son seguramente los autores más significativos sobre el mantenimiento de esta idea. El juego y el deporte, aún siendo empleados aparentemente de la misma manera, pueden desarrollan diferentes fines. Por ejemplo, un juego, en un momento determinado y practicado en una determinada situación puede conseguir la integración, la solidaridad, la tolerancia, el orden etc., mientras que por otro y en otras circunstancias puede favorecer lo contrario. la marginación, la violencia, el engaño, etc.
            Igualmente autores del campo de la Educación Física llamaron la atención del problema que en muchos casos puede tener el juego y el deporte como componentes educativos en la enseñanza, (Arnold, 1991, Kird, 1990, Parlebas, 1988, Orleck,).
            En la dualidad del juego que surge entre la victoria o la derrota del contrincante, por un lado, y entre el juego limpio y la utilización de malas artes por otro, se pueden dar elementos diferentes en su interpretación educativa. Un exceso de competición en los juegos nos lleva a considerarlos en muchos casos como antieducativos, mientras que en otros, la propia competición bien ordenada y realizada es un excelente medio de educación. Arnold (1990) mantiene una dura crítica contra los juegos y deportes de competición en la escuela, pues mantiene que la competición, en sí misma, es mala. Afirma que la competición en las escuelas resulta esencialmente inmoral ya que provoca y refuerza conductas sociales indeseables.
            Veblen[1] encuentra en el juego y en el deporte los referentes más bajos que emanan de la clase ociosa. Nos dice: “La afición al deporte atlético, que puede manifestarse no sólo en la participación directa sino también en su apoyo sentimental y moral, constituye una característica más o menos explícita de la clase ociosa, que esta, por lo demás, comparte con los criminales de las capas sociales más bajas y con todos aquellos elementos atávicos ornados de inclinaciones preponderantemente depredadoras” Para Veblen la valentía en la vida se manifiesta o como violencia o como engaño, y ambas manifestaciones se dan de manera abundante en el juego deportivo. Así, dice, la treta, la falsedad y el amedrentamiento tienen un puesto fijo en toda competición.
            Ante situaciones de agresividad, tensión, ansiedad, etc., ¿es el juego una catarsis o liberación o por el contrario, las provocan? Hay opiniones en todos los sentidos, y cada uno aporta sus pruebas. Esto viene a corroborar la teoría que venimos defendiendo, de que lo importante no es el juego, sino, la forma de jugar. En todos estos casos, se apunta hacia la importancia de la acción educativa en su conjunto y no sólo por la aplicación de un programa de juegos determinado. Por todo esto se añade como condicionamientos, otros factores que configuran el verdadero contexto educativo del niño. La edad, el sexo, la salud, la inteligencia natural, la constitución física, las actitudes de padres e hijos, las experiencias de éxitos y fracasos en el pasado, la naturaleza de las relaciones entre el profesor y el alumno, etc. De todas estas y otras semejantes realidades dependen los resultados, Cagigal, (1981).
Entre las diferentes manifestaciones no deseadas que encontramos en el juego encontramos las siguientes:
El egocentrismo. Consiste en no poder considerar el mundo de otro modo que desde el centro que es el Yo y atenerse a una única perspectiva, la propia, sin tener en consideración las que conocen los otros..
El egocentrismo se da en los niños de manera natural, no de mala fe, proviene únicamente de una rigidez de sistemas intelectuales todavía demasiado jóvenes. El pensamiento naciente del niño sigue siendo por mucho tiempo incapaz de apartarse de perspectiva concreta y ego centrista que es la del ser que ignorante de las representaciones no en posesión de es maravilloso medio de desplazar la s cosas y de variar los puntos de vista representándose los seres en su ausencia.
Está bastante claro que esa dificultad del pensamiento infantil de cambiar de perspectiva, es una gran molestia para los juegos en los que hay que colaborar. El niño se siente como atado al egocentrismo. Cuando un niño de 5-6 años quiere hacer una carrera, cada uno corre par sí mismo, sin preocuparse demasiado de los otros, se puede hacer con ellos una carrera enfrentándolos por parejas, lo que ya resulta más difícil es hacer una competición de equipos por relevos estregándose un testigo. Igualmente resulta difícil los juegos en los que hay que engañar o disimular.
La cooperación en los juegos va evolucionando de una manera lenta y progresiva, comenzando por una cooperación pasiva, en la que unos ayudan a los otros sin entender demasiado del trabajo total (sólo lo sabe en muchos casos el director del juego), y la cooperación activa en la que todos los miembros del grupo conocen la marcha del proceso del juego. Desde que existe un conductor capaz de organizar un juego. Desde que existe un conductor capaz de organizar un juego, el niño es capaz de realizar positivamente una cooperación pasiva. La cooperación activa aparece poco a poco y se desarrolla verdaderamente con la adolescencia.
El arrebato. Es la manifestación que de una manera repentina hace cambiar el comportamiento del niño en momento determinado y por causa en muchos casos inexplicables a la mentalidad del adulto.
La tensión. Es este un elemento que desempeña un papel importante. Tensión quiere decir incertidumbre, azar. Es un tender hacia la resolución.
En el juego siempre tiene que haber algo de incierto, porque de otra manera perdería todo el interés. Hay otros elementos que dependen en el juego de la tensión del resultado y que si se carece de de emoción, va a influir en el desarrollo del juego.
La incapacidad. Es este una factor en los juegos que es preciso tener en cuenta, pues en mucos casos hay deserciones de niños de determinados juegos en los que no se encuentra una explicación y es ese el motivo.
Lo mismo que no se puede empezar una actividad deportiva a cualquier edad, tampoco todos los juegos son de todas las edades, cada uno tiene una edad apropiada y en muchos casos no se pueden jugar por incapacidad fisiológica.
Factores externos a los juegos. Los factores externos son en muchos casos tan importantes que muchas veces nuestros actos son regidos por ellos. Esto ocurre igualmente con los diferentes juegos que van a realizar los niños, los cuales estarán totalmente determinados por el lugar en que se encuentren.
Podemos finalizar diciendo que el juego y en especial el competitivo, es uno de los grandes logros, mitad cultura, mitad naturaleza, del hombre en su proceso civilizante. Sin embargo: “cuando la rivalidad llega a troncarse conflictiva, incluso mortífera, se está alterando uno de los grandes cauces por donde se canalizó “humanamente”, por donde se “humanizó” esta poderosa energía de competencias a vez creadora y destructiva”, Cagigal, (1981).


[1] Thorsten Veblen es un sociólogo que ya a principios de siglo escribió abundantes textos sobre los problemas que emanan de la práctica del juego y del deporte, anunciando en muchos casos las situaciones a las que posteriormente se ha llegado por un exceso de competición.

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